Los hijos del reino

 

Los hijos del reino

Mateo 13:38 “El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre, y el campo es el mundo; y la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del maligno;” Mateo 8:12 “Pero los hijos del reino serán arrojados a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes.”

Estamos presentando tres cosas distintas en estos dos versos: 1) El reino de Dios, 2) los hijos del reino y 3) los hijos del maligno. Cuando dice que el sembrador es el Hijo del Hombre está aclarando que la siembra es eminentemente humana y que se trata de evangelizar a toda criatura tal como lo ordena en  Marcos 16:15 “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.” Y eso se sembrar es predicar porque la definición de semilla es lo que dice en Lucas 8:11 “La parábola es ésta: la semilla es la palabra de Dios.” ¿Por qué usar la palabra semilla en sustitución de la palabrea de Dios? Jesús nos ha querido demostrar que las palabras de Dios contienen vida en si, así como una semilla es un árbol en potencia que una vez sembrada crece y da frutos, así es la palabra de Dios, que una vez sembrada en el corazón del hombre, da lugar al crecimiento del espíritu,  y Pablo agrega 1 Corintios 3:6 “Yo planté, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento.” Pedro nos habla del tema cuando dice: 1 Pedro 1:23 “Pues habéis nacido de nuevo, no de una simiente corruptible, sino de una que es incorruptible, es decir, mediante la palabra de Dios que vive y permanece.” Y agrega a esto: 1 Corintios 3:7 “Así que ni el que planta ni el que riega es algo, sino Dios, que da el crecimiento.” Efesios 3:17 “de manera que Cristo more por la fe en vuestros corazones; y que arraigados y cimentados en amor,”

Los hijos del reino son el resultado de haber nacido de nuevo en el espíritu por la palabra de Dios, esto significa no vivir mas en la carne sino en el espíritu, Romanos 8:9  “Sin embargo, vosotros no estáis en la carne sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en vosotros. Pero si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de El.” Juan 1:13  “que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios.” En otras palabras, el evangelio  nos convierte en hijos de Dios. Esos son los hijos del reino, los hijos de Dios que han nacido en el espíritu y que Cristo mora en ellos.

Hagamos énfasis en esto: el reino de Dios es de los hijos de Dios, de los que han nacido de nuevo y que tienen el espíritu de Cristo morando en ellos. Al igual que Pablo cuando dijo: Gálatas 2:20 “Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” Subrayemos la palabra “Cristo vive en mí” o sea que en este cuerpo de carne, ya no vivo yo sino que Cristo vive en mi y eso lo que significa es que en este cuerpo de carne vive el Hijo de Dios, si aquí es donde vive el Hijo de Dios, Jesucristo, por eso se llama Emanuel que quiere decir Dios con nosotros.

El reino de Dios es de los hijos de Dios y nosotros somos sus hijos partiendo de la primicia que Cristo vive en nosotros, y eso lo que es en otras palabras es que Dios ve en nosotros no a mi persona sino a su Hijo Jesucristo. Ese es el verdadero sentido de nuestra salvación y eso es el trabajo que debe hacer la iglesia, el de edificarnos espiritualmente hasta llegar a ser como Cristo. Porque ese es el plan original, hacer al hombre a imagen y semejanza de Dios, y su palabra lo dice: Génesis 1:26 “Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra.”  Pero el hombre actuó a la inversa, contrariando a Dios en sus palabras que dicen: Éxodo 20:4 “No te harás ídolo, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.” Y al hacerlo dice Pablo en Romanos 1:23 “y  cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.” O sea en vez de ver la evolución de la vida ven la involución volviendo a los rudimentos de la creación, porque si recuerdan el orden de la creación, primero son los animales y después el hombre, pero los necios cambian ese orden y ven en Dios a un hombre corrupto o a un animal.

Porque déjenme recordarles que el hombre sin Cristo es un animal en potencia, ya lo dice la palabra de Dios en 1 Corirntios 2:14 “Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente.”

Por el otro lado tenemos los hijos del maligno, que son otro reino, el reino de este mundo que es comandado por el mismo diablo conocido como la Serpiente que también es un animal. Génesis 3:1 “Y la serpiente era más astuta que cualquiera de los animales del campo que el SEÑOR Dios había hecho. Y dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: “No comeréis de ningún árbol del huerto?” los hijos del maligno viven en el reino del mundo  mientras que los hijos del Rey viven en el reino de Dios, pero no piensen que una vez entrado al reino se quedarán allí, no, es una mentira pensar eso, la palabra de Dios contempla expulsiones en el reino de Dios, veamos en Mateo 8:12 “Mas los hijos del reino serán echados á las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.”

Tenemos al reino de Dios, al reino del mundo, a los hijos del reino y a los hijos del maligno. Ya hemos visto en otros mensajes que el hombre en su etapa mas baja es en potencia un animal y que las cosas que hace son la pura voluntad o deseo de su carne, pero una vez venido Cristo a sus corazones mediante la Palabra de Dios, el hombre pasa a un estado evolucionado de vivir en el espíritu y no en la carne, eso en otras palabras es pasar de la carne al espíritu, de la muerte a la vida y de las tinieblas a la luz.

 

 

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