Glorificando a Dios

Glorificando a Dios

La palabra “gloria” significa: Reputación, fama y honor que resulta de las buenas acciones y grandes calidades.  En algunas ocasiones, la Biblia nos presenta esta palabra como una luminosidad que representa la pura presencia de Dios. La gloria es vista como la satisfacción de haber hecho algo importante. Dar gloria es honrar o conceder reputación a alguien, en el caso de Dios, es confirmar su veracidad y poder sobre todas las cosas, se glorifica a alguien cuando se le reconoce su triunfo sobre una causa o la confirmación de haber dicho algo celebre. A Dios se le glorifica cuando le reconocemos que él tiene toda la razón porque sus palabras han coincidido con los hechos, en otras palabras glorificamos a Dios cuando reconocemos que sus palabras son fieles y se cumplen en cualquier momento, así por ejemplo, la Biblia nos da este verso: Juan 12:43 “Porque amaban más el reconocimiento de los hombres que el reconocimiento de Dios.” De esos hombres dice la Palabra de Dios: “Sin embargo, muchos, aun de los gobernantes, creyeron en El, pero por causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga.” O sea que aun creyendo en Jesús no le dieron gloria sino que prefirieron dársela a los hombres. O sea que glorificaban a los hombres pero no a Dios, el apóstol Pablo habla de la gloria de Dios en estos términos: Romanos 4:20 “sin embargo, respecto a la promesa de Dios, Abraham no titubeó con incredulidad, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios,” en otras palabras, Abraham creyó en Dios. Tal como está escrito en Génesis 15:6 “Y Abram creyó en el SEÑOR, y El se lo reconoció por justicia.” David también le creyó a Dios, 1 Samuel 30:6 “Y David estaba muy angustiado porque la gente hablaba de apedrearlo, pues todo el pueblo estaba amargado, cada uno a causa de sus hijos y de sus hijas. Mas David se fortaleció en el SEÑOR su Dios.”

El apóstol nos menciona la palabra gloria para calificar el hecho de que algunos hombres no reconocen en Dios su poder y su importancia, el siguiente caso nos plantea la falta cometida contra Dios al no reconocer su poderío, Romanos 1: 18-21 “Porque manifiesta es la ira de Dios del cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que detienen la verdad con injusticia; porque lo que de Dios se conoce, a ellos es manifiesto; porque Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él; su eterna potencia y divinidad, se ven entendidas por la creación del mundo, y por las cosas que son hechas, para que no haya excusa; porque habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias; antes se desvanecieron en sus fantasías, y el tonto corazón de ellos fue entenebrecido.”

Indudablemente que Dios se fija en todo eso, se fija si le reconocemos como tal y se fija si no le reconocemos, porque su palabra dice: Mateo 15:8 “ESTE PUEBLO CON LOS LABIOS ME HONRA, PERO SU CORAZON ESTA MUY LEJOS DE MI.” Y a Dios no lo podemos engañar, de nada nos sirve darle gloria con nuestros labios si en nuestro corazón hay dureza, la gloria debe ser dada en espíritu y en verdad, Juan 4:24 “Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad.” Ese es el caso de las ofrendas dadas por Caín y Abel a Dios, uno era bueno y el otro malo, Dios no vio con agrado la ofrenda de Caín. Génesis 4:5 “pero a Caín y su ofrenda no miró con agrado. Y Caín se enojó mucho y su semblante se demudó.” Judas 1:11 “¡Ay de ellos! Porque han seguido el camino de Caín, y por lucro se lanzaron al error de Balaam, y perecieron en la rebelión de Coré.” 1 Juan 3:12 “No como Caín que era del maligno, y mató a su hermano. ¿Y por qué causa lo mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas.”

Para darle gloria a Dios debemos tener un corazón limpio y puro y con toda la sinceridad de nuestro espíritu, reconocer en él todo honor y gloria, en nuestra oración diaria decimos; Mateo 6:13 “Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre jamás. Amén.“ no hay otro a quien reconocerle el poder y la gloria para siempre, solamente a Dios nuestro Padre Celestial.

Nosotros todos, debemos constantemente darle gloria a Dios por todo, o sea reconociendo en él no solo su fidelidad en su palabra, el cumplimiento de sus promesas y la oferta de salvarnos eternamente, sino que debemos reconocerlo a él como el autor de toda la creación y el poder de su palabra que no tiene comparación. El mejor ejemplo de darle gloria a Dios lo tenemos en su Hijo Jesucristo quien en todo momento, glorificó al Padre con sus palabras y hechos, Jesús dijo: Juan 12:50 “Y sé que su mandamiento es vida eterna; por eso lo que hablo, lo hablo tal como el Padre me lo ha dicho.”  Y eso era una promesa dada por medio de Moisés, en Deuteronomio 18:18 “Un profeta como tú levantaré de entre sus hermanos, y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mande.” Juan 5:19 “Por eso Jesús, respondiendo, les decía: En verdad, en verdad os digo que el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que hace el Padre, eso también hace el Hijo de igual manera.” Juan 8:28 “Por eso Jesús dijo: Cuando levantéis al Hijo del Hombre, entonces sabréis que yo soy y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo estas cosas como el Padre me enseñó.” Juan 17:1 “Estas cosas habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique a ti,”  Juan 7:39 “Pero El decía esto del Espíritu, que los que habían creído en El habían de recibir; porque el Espíritu no había sido dado todavía, pues Jesús aún no había sido glorificado.” Juan 12:23 “Jesús les respondió, diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado.” Juan 13:31 “Entonces, cuando salió, Jesús dijo: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en El.” Juan 13:32 “Si Dios es glorificado en El, Dios también le glorificará en sí mismo, y le glorificará enseguida.” Juan 17:5 “Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera.”

Glorificar a Dios, o glorificar a Jesús es reconocer en ellos todo el honor, toda la honra y toda la gloria. Si glorificamos a Jesús, él nos glorificará a nosotros, Juan 17:22 “La gloria que me diste les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno: “ que maravillosa palabra, seremos uno con Jesús y uno con Dios: Juan 17:24 “Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.” Romanos 8:30 “y a los que predestinó, a ésos también llamó; y a los que llamó, a ésos también justificó; y a los que justificó, a ésos también glorificó.” 2 Corintios 3:18 “Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu.”

¿Qué haremos nosotros?  ¿Glorificaremos a Dios? O seremos como aquellos de Romanos 1: 21-23 “porque habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias; antes se desvanecieron en sus fantasías, y el tonto corazón de ellos fue entenebrecido. Diciéndose ser sabios, se hicieron fatuos, y trocaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, y de aves, y de animales de cuatro pies, y de serpientes.” Meditemos sobre estas últimas palabras, porque cual es el resultado de esa actitud? Dice Romanos 1: 26-32 “ Por lo cual Dios los entregó a afectos vergonzosos; pues aun sus mujeres mudaron el natural uso en el uso que es contra naturaleza; y del mismo modo también los machos, dejando el uso natural de las hembras, se encendieron en sus concupiscencias los unos con los otros, cometiendo cosas nefandas machos con machos, y recibiendo en sí mismos la recompensa que provino de su error. Y como a ellos no les pareció tener a Dios en cuenta, Dios los entregó a perverso entendimiento, para que hicieran lo que no conviene, atestados de toda iniquidad, de fornicación, de malicia, de avaricia, de maldad, llenos de envidia, de homicidios, de contiendas, de engaños, de malignidades, murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; que habiendo entendido la justicia de Dios, no entendieron que los que hacen tales cosas son dignos de muerte; no sólo los que las hacen, más aún los que consienten a los que las hacen.”

Por Víctor Manuel Castro Chinchilla  

 

 

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