conociendo al Hijo de Dios

Conociendo al Hijo de Dios.

 

Mateo 11:27 “Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.” 1 Corintios 2:10 “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.”

 

Nadie conoce al Hijo sino el Padre. Este verso es realmente un valladar grande para llegar a conocer a Jesús como el Hijo de Dios. Pero cuando dice que nadie conoce al Hijo, también está diciendo que Dios nos lo reveló a nosotros por el Espíritu, porque es el único que escudriña lo más profundo de Dios. En otras palabras, nadie en carne y huesos puede conocer a Jesús el Cristo sino por el Espíritu Santo, como lo dice en otra parte, 1 Corintios 12:3 “Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.” Y  Mateo 7:21
“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” Romanos 8:9
“Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.”

1 Corintios 2:14 “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.”

 

Para conocer a Jesús el Cristo de Dios, su Hijo único, debemos vivir en el Espíritu y no hay otra manera de conocerle por más esfuerzos y estudios que hagamos. Al leer el Nuevo Testamento nos damos cuenta que Jesús se refiere a él como el Hijo del Hombre y no como el Hijo de Dios, y conocer estas dos cosas, ya es un problema enorme para el hombre natural o carnal. El hombre natural tiene su fe en Jesucristo y no hay duda y aun los demonios le reconocen como el Hijo de Dios, el problema no es llegar a reconocerle como el Hijo de Dios, sino conocerle como tal, los demonios no lo conocen pero si le reconocen, veamos esto a continuación: Mateo 4:3 “Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.” Mateo 8: 28-29 “Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino.  Y clamaron diciendo: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo? “Mateo 26:63 “Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.” Mateo 27:40
“y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.” Marcos 3:11 “Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios.” Y aun hay más, pero mi intención al exponer estos versos no es otra que dejar claramente establecido que no todo el que le dice Señor y que le reconoce como el Hijo de Dios, entrará a su reino. El mundo está lleno de gente religiosa, quizá hay más religiosos en el mundo que en la iglesia porque basados en este principio que a un los demonios le reconocen como el Hijo de Dios son pocos los que le conocen. Porque el enemigo le reconoce como Hijo de Dios, pero solo sus discípulos le conocen y le siguen como lo dice en Juan 10:3-5  “A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca.  Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.  Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.” Juan 10:11 “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.” Santiago 2:19 “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.” No pienses que por ver a Jesús como el Hijo de Dios es que ya son salvos de la condenación eterna: Hay muchos en la iglesia que viven su vida dedicados a las actividades del templo y por eso creen que ya Dios los tiene en su mano, no, eso no es cierto, hay un principio en la Palabra de Dios que dice: Mateo 22:14 “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.” Y para comprobarlo traemos este pasaje que dice: Mateo 7:22-24  “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?  Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.”

 

Como estamos viendo el conocimiento del Hijo de Dios es básico para entrar al reino de Dios, y no todo el que le dice Señor entrará sino aquel que tiene el Espíritu santo, solo este puede conocerle como es. 1 Corintios 6:19 “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” mucha gente se pierde en la condenación eterna por no haber conocido a Jesús el Hijo de Dios. Y es que algunas religiones mal encaminan al hombre y le engañan diciendo en muchos casos que al morir se va al cielo. Y basados en que Dios es amor y que nos perdona todos los pecados, seguimos viviendo en la ignorancia del conocimiento del Hijo de Dios. El apóstol Pablo se refiere a este tema en la siguiente forma: Efesios 4:13
“hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;” repito: el conocimiento del Hijo de Dios nos lleva a ser perfectos a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Si somos el templo del Espíritu Santo, el conocimiento de Cristo nos elevará a su misma estatura como hijos de Dios, porque ser hecho hijo de Dios significa tener el mismo espíritu de Jesucristo, como lo dice Pablo en Romanos 8:9 “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.”  Insisto en esto último: “Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.” Jesús tiene el Espíritu del Padre y requiere que nosotros tengamos su Espíritu, Juan 10:30 “Yo y el Padre uno somos.” Juan 17:22 “La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.”

 

La clave para conocer al Hijo es estar en el Espíritu Santo. Mateo 11:27 “Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.” Este no es un asunto legal o religioso sino un asunto espiritual, tenemos que vivir en el Espíritu para llegar al conocimiento del Hijo de Dios. Estar en el Espíritu Santo es recibir a Cristo en nuestro corazón, como lo dice en Juan 1:12
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; “ ¿y que es eso de recibirle?, muchos creen que recibir a Cristo es decir con su boca: “Yo te recibo”, pero recibir a Cristo es recibir el Espíritu y no se hace diciéndolo con la boca porque caemos en aquella palabra que dice: Marcos 7:6 “Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, Mas su corazón está lejos de mí.” O sea no es con labios que recibimos a Cristo sino en el corazón. No es en la carne, porque los labios son la carne también, como lo hemos dicho antes: “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.” debemos recibir primeramente el Espíritu de Cristo y poder decir que le hemos recibido, porque no ignoramos sus palabras ultimas en la tierra cuando dijo: Juan 20:21-23  “Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío.  Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.” Esto es recibirle. Quiero insistir en este asunto porque he notado que se comete muy seguido el error de pedirle a los inconversos que digan con su boca que “le reciben”y declarar que ya son hechos hijos de Dios. Para ser hecho hijo de Dios, debemos recibir el mismo Espíritu de Jesucristo su Hijo, de lo contrario no hemos hecho nada. Y a la vez recibir el Espíritu de Jesucristo no es un asunto ritualístico sino una experiencia espiritual. Jesús ya lo explicó cuando nos dio la parábola del sembrador y dice en Mateo 13:23 “Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.” Mateo 13:38 “El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo.” Los hijos de Dios son los mismos hijos del reino (de Dios). Para recibir a Cristo tenemos que recibir su Espíritu, “Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.” 

 

¿Cómo conocer al Hijo si no se tiene su mismo Espíritu? Porque su palabra dice:  1 Corintios 2:10 “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.” Necesitamos estar en su Espíritu, no podemos conocerle exteriormente sino en el Espíritu, de nada nos sirve tener un retrato de Jesucristo hecho por hombres o del modelo de un hombre y decir que le conocemos, solamente por el Espíritu podemos decir que le conocemos y solamente si somos hijos de Dios podríamos asegurar que conocemos al Hijo de Dios. La clave es obedecer al Padre porque solo los hijos obedecen al su Padre, los desobedientes no son hijos sino bastardos. Deuteronomio 23:2 “No entrará bastardo en la congregación de Jehová; ni hasta la décima generación no entrarán en la congregación de Jehová.” Hebreos 12:7-9  “Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?  Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?”

 

Antes enseñé que para tener el mismo espíritu que Jesucristo debemos ser integrados como cuerpo, como discípulos de él. No hay otra manera diferente sino por medio del discipulado que llegamos a conocerle, a pensar como es él, a hablar como él y a vivir como él. y eso es un mandato que tenemos de Jesús cuando nos dice:   Mateo 28:19 “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, […].” Esta es la única manera se llegar al Padre, como lo dice en Juan 14:6 ”Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” Tenemos que seguir a Cristo, tenemos que imitarle, pero no fingido sino de corazón como lo dice Pablo en 1 Corintios 11:1 “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.” Si imitamos a Cristo, si pensamos como él y si vivimos como él, Dios nos reconocerá como sus hijos y no por apariencia sino por el espíritu que mora en nosotros, recordemos que Dios es espíritu y ve espiritualmente por lo que no podemos engañarle. Si vivimos como Cristo, tenemos su mismo espíritu. Si hablamos como Cristo tenemos su mismo espíritu. Y si vivimos y hablamos como Cristo, Dios verá a Cristo en nosotros porque no nos verá lo exterior sino lo interior, lo verdadero.

 

La iglesia está capacitada para proveer maestros que nos enseñen acerca de Cristo, ya lo dijo en Efesios 4:10-12  “El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.  Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,  a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,” estamos llamados a ser santos y esto significa a ser templo del Espíritu Santo lo que es a la vez lo mismo que haber recibido el Espíritu de Cristo.

 

Pero cuidado con esto: Mateo 7:15 “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.” Mateo 24:24 “Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.” 2 Corintios 11:13 “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo.” 2 Pedro 2:1 “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.” Debemos tener espíritu de discernimiento para conocer quienes son buenos y quienes son malos, si no poseemos ese espíritu seremos las ovejas victimas de los lobos feroces. 1 Corintios 2:14 “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.” ¿Está usted ejerciendo el discernimiento de la palabra de Dios? O está usted mezclando mandamientos de hombres junto a las palabras de Dios? Tenga mucho cuidado en lo que usted va a creer, busque creer solo en lo que Dios dice y no siga mandamientos de hombres. Eclesiastés 12:13 “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.” Isaías 29:13”Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado;” Marcos 7:8 “Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes.” Tito 1:13-15  “Este testimonio es verdadero; por tanto, repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe, no atendiendo a fábulas judaicas, ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad.  Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas.”

 

Por Víctor Manuel Castro Chinchilla Febrero 2008.  

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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